En la década pasada, y aprovechando el caos de la guerra en Siria, el ISIS llegó a establecer su temido Califato Islámico en más de un tercio del país y buena parte del vecino Irak, con decenas de miles de hombres llegados de los cinco continentes. Estados Unidos lideró entonces una amplia coalición internacional que, junto con las fuerzas kurdas, fulminó el Califato en apenas un lustro. El presidente Donald Trump habló de una “victoria al 100%”, pero el ISIS, en realidad, nunca desapareció del todo, reconvertido en una especie de insurgencia clandestina concentrada sobre todo en la vasta zona desértica.
