Buscar el rastro del buque Skipper, interceptado el pasado día 10 por Estados Unidos frente a la costa de Venezuela, es seguir la pista a un pedazo de la industria ilegal del petróleo. En un solo carguero navegaban muchos de los actores y prácticas de un comercio ilícito que mantiene el grifo del crudo abierto allí donde las sanciones internacionales tratan de cerrarlo. Con 20 años de travesías a sus espaldas, el barco navegaba bajo pabellón de Guyana, aunque este país sudamericano ha negado que aparezca en registro alguno. Su última carga era de 1,8 millones de barriles de crudo. Hace tres años, el Tesoro estadounidense ya había sancionado al navío, entonces bajo el nombre de Adisa, por contrabando al servicio de la Guardia Revolucionaria iraní y su aliado libanés Hezbolá. El buque pertenecía a la empresa Triton Navigation Corp., del magnate petrolero Viktor Artemov, nacido hace 50 años en Ucrania y residente en Suiza.
