Los iraníes vuelven a echarse a la calle para clamar contra el régimen al que responsabilizan de su penuria. De momento, las manifestaciones no han alcanzado ni la amplitud ni los participantes de ocasiones anteriores, pero la represión ya ha dejado las primeras víctimas mortales. En la escena internacional, con Trump agitando una intervención y Netanyahu deseoso de golpear de nuevo a su archienemigo, algunos comentaristas jalean la protesta como si fuera un partido de fútbol. Solo que aquí no hay dos equipos, sino un país de 90 millones de habitantes que, sin un pacto político y social, seguirá pagando los platos rotos.
