Cuando se despertaron el sábado con la noticia de que Estados Unidos había entrado ilegalmente en Venezuela para capturar a su presidente, Nicolás Maduro, en Dinamarca muchos pensaron que había llegado la hora: ellos podían ser los próximos.
Cuando se despertaron el sábado con la noticia de que Estados Unidos había entrado ilegalmente en Venezuela para capturar a su presidente, Nicolás Maduro, en Dinamarca muchos pensaron que había llegado la hora: ellos podían ser los próximos.