Un día, Venezuela se despertó y Nicolás Maduro ya no estaba. El hombre omnipresente en la vida de los venezolanos durante más de una década desapareció de golpe. Si se encendía la televisión, la radio o abría sus redes sociales aparecía el líder chavista en cualquiera de sus facetas. Su ausencia ha abierto un cráter en un país acostumbrado a que su retrato cuelgue de las paredes de todas las dependencias públicas y los cuarteles, junto al del comandante Hugo Chávez. Maduro por la mañana, por la tarde y por la noche. Y de repente, ya no más.
