Los años veinte del siglo pasado estuvieron marcados por el fascismo, una palabra que no se debería emplear de forma leve. Ocurre lo mismo con el concepto de genocidio, una vez utilizado no hay marcha atrás. “Es una palabra avalancha: una vez que la pronuncias, no hace más que crecer”, dijo David Grossman en una entrevista con la periodista italiana Francesca Caferri cuando el escritor israelí definió por primera vez lo ocurrido en Gaza como un genocidio. Desde el inicio de la segunda presidencia de Donald Trump, hace un año, pero sobre todo desde el brutal despliegue en Minneapolis de los paramilitares federales del ICE y la Patrulla Fronteriza, la impresión de que el fascismo se ha instalado en Estados Unidos no ha hecho más que crecer entre escritores, comentaristas, historiadores y ciudadanos.
