
El despacho es amplio y diáfano, casi desnudo, salvo por unas fotos de familia en un discreto rincón. Una bandera europea algo desmesurada preside la sala y deja entender que aquí se trabaja en nombre de una idea. Belén Martínez Carbonell (Ourense, 56 años) se disculpa por su castellano “oxidado”. Lo habla a la perfección, pero con esas leves marcas de quien lleva más de tres décadas viviendo fuera de España. Cálida pero cautelosa, cumple un año como secretaria general del Servicio Europeo de Acción Exterior, la diplomacia de la UE, y número dos de la alta representante Kaja Kallas. El suyo es un perfil discreto y poco conocido fuera de Bruselas, aunque su papel sea central en un tiempo en que la política exterior europea se escribe a golpe de sobresaltos.

