Que la primera ministra japonesa, la ultraconservadora Sanae Takaichi, es un fenómeno que trasciende la mera política se intuía ya en su mitin de cierre de campaña, el pasado sábado, en un parque a las afueras de Tokio. Soportando una temperatura gélida, ya de noche, y bajo una lluvia fina que en la madrugada se convertiría en nieve, miles de personas se congregaban para poder verla. Para estar ahí. Conscientes de que estaban viviendo un momento histórico.
