La rigurosa negociación del Gobierno de Delcy Rodríguez con Estados Unidos y la orden ejecutiva del 29 de enero de Donald Trump han producido un golpe de realidad en Cuba. El cerco energético, al que se han sumado México y Rusia, hace visibles, en toda su gravedad, ciertos ángulos de la siempre mistificada trama cubana, como la profunda dependencia e improductividad del modelo socialista y el (por lo visto) renovado interés de Washington en la isla.
