Cada mañana, decenas de miles de personas cruzan la frontera para trabajar en Luxemburgo, atraídas por los salarios más altos de Europa. Otros tantos han emigrado desde todos los rincones del globo a un país donde la riqueza se mide en récords. La pobreza, en cambio, se esconde en estadísticas menos visibles y en vidas que no encajan con la imagen de prosperidad del Gran Ducado.




