Pakistán ha dinamitado este viernes el frágil dique de contención que, hasta ahora, evitaba que su pulso con los talibanes afganos se convirtiera en un choque declarado entre Estados. El Gobierno paquistaní ha informado de que, durante la madrugada, sus fuerzas armadas bombardearon objetivos en Kabul, la capital de Afganistán, y otros puntos del país, con el que comparte una frontera de 2.640 kilómetros. Horas más tarde, el ministro de Defensa paquistaní, Khawaja Asif, proclamó que Islamabad se encontraba en una “guerra abierta” con el régimen talibán, un salto retórico y operativo que implica asumir el enfrentamiento como un conflicto directo entre fuerzas estatales, y no solo como una sucesión de escaramuzas fronterizas o golpes puntuales contra grupos armados.
