Cada vez que estalla un conflicto bélico en Oriente Próximo, Venezuela recibe el siniestro privilegio de un aumento considerable de sus ingresos petroleros. Las principales potencias consumidoras reaccionan con nerviosismo y, temerosas de que el petróleo escasee y suban los precios, se apresuran a comprar grandes cantidades de crudo para sus reservas. La escasez y el aumento de la demanda disparan los precios. El país se llena de petrodólares y se recrudecen las patologías de la Venezuela rentista.
