La guerra contra Irán ha tenido, de momento, un efecto imprevisto: la pérdida de legitimidad islámica del régimen iraní. Que no es lo mismo que decir Irán o sus gentes. Nos referimos al aparato del Estado. La elección de Mojtaba Jameneí como nuevo guía supremo tras el asesinato de Ali Jameneí, su padre, contraviene principios fundamentales de la ideología forjada por los activistas chiíes de los sesenta, la misma que Jomeiní manipuló para hacerse con el poder tras la revolución de 1979. El régimen iraní evoluciona en consonancia con los modelos autoritarios actuales, nacidos de las cenizas de los sistemas que los auparon: desde lo que representan Putin y Xi hasta el mismísimo Trump si triunfa su andanada contra la democracia estadounidense. Con independencia del devenir del nuevo líder supremo iraní, el paso está dado.
