La Unión por el Mediterráneo, nacida de la Declaración de Barcelona, celebró ayer su 30 aniversario. Lo hizo a su modo superviviente. Con una recua de proyectos prácticos, poco grandilocuentes, de cooperación entre los 43 gobiernos ribereños y las instituciones, entre ellas, las de la Unión Europea. Tendiendo puentes entre Algeciras y Estambul, que sortean largas noches de guerra ―en Libia, en Gaza―, este foro ha driblado decenas de catástrofes humanas.
