Si alguien tuvo dudas sobre los auténticos motivos de la invasión de Irak de 2003 se disiparon cuando los saqueadores estaban arrasando Bagdad y llevándose piezas milenarias del museo arqueológico de la capital iraquí, mientras las tropas estadounidenses blindaban el Ministerio de Petróleo, el único edificio oficial que no resultó tocado y del que no salió un papel. La desastrosa e ilegal invasión capitaneada por Estados Unidos, con el apoyo militar de Reino Unido y moral de la España de José María Aznar, demostró que es mucho más fácil derrocar a un dictador que gestionar un país descabezado.
